Caperucita y el lobo: cuando tenemos que salir de la zona de confort

Caperucita y el lobo: cuando tenemos que salir de la zona de confort

Había una vez

Alguna vez leíste o te leyeron un cuento que comenzaba así. Estas historias pertenecen a la literatura de tradición oral, y cuando apelamos a ella desde la lectura o la escucha desplegamos un abanico de emociones. Tenemos la memoria a flor de piel. El cerebro tiene la capacidad de ingresar, registrar, almacenar y recuperar la información. Así es como recordamos todos aquellos episodios que por alguna circunstancia quedaron grabados en nuestra memoria; por ejemplo, cuando éramos chicas y leíamos o nos narraban un cuento o cuando tuvimos la posibilidad de trasladar esa historia a nuestros hijos, inclusive hasta con algunas variaciones. 

Enseñar y aprender a ser resiliente

Los cuentos de hadas tienen un valor incalculable, nos brindaron nuevas dimensiones a nuestra imaginación cuando éramos niñas y cada uno de ellos nos enseñó, nos transmitió valores, nos mostró el bien y el mal, nos hizo reconocer emociones propias y ajenas y observar diferentes maneras de luchar contra las adversidades, advirtiendo que si enfrentamos y dominamos los obstáculos, al final del camino, salimos victoriosas. Además, nos revelan que más allá de las dificultades, hay un camino de resiliencia en la que percibimos que la paciencia y la valentía nos transportará a la realización y a la felicidad.

La primera Caperucita

Caperucita pertenece a literatura que se lee y se transmite de generación en generación permite que se mantenga en el inconsciente colectivo.  Caperucita es uno de los cuentos de hadas más populares, y si bien su origen radica en 1697 de la mano de Charles Perrault. Traspasó los tiempos y los espacios por la cantidad de versiones que se realizaron de ella. Permitió variaciones, se modificó,  se interpretó, se creó. Este continuo apropiarse de la historia y recrearse en ella, conlleva al alcance de distintas adaptaciones de las cuales sabemos de su existencia.

Todas somos Caperucita

Tomaremos una parte de la historia y nos pondremos en su piel por un rato. Caperucita se dirige a la casa de su abuela, un lugar seguro. Allí su cerebro está tranquilo, es lo conocido, lo habitual. En cambio, el bosque es un lugar de peligro, de lo incierto, de lo que hay que enfrentar y muchas veces queremos huir, en el que un estímulo del mundo exterior puede desestabilizar nuestra UCCM (unidad cuerpo cerebro mente), y así tener una respuesta emocional que muchas veces necesitamos controlar. 

El lobo… el desafío, lo desconocido

En algunas oportunidades nos encontramos con un lobo buscado por nosotras y en otras circunstancias, con un lobo “heredado” por las circunstancias cotidianas, no programado.

¿Cuántas veces en nuestra vida, nos topamos con un lobo en el bosque y no sabemos cómo avanzar? O nos paralizamos o automáticamente decidimos encarar o tal vez nos quedamos estáticas sin respuesta. Transitar en ese bosque y hacer presencia frente al lobo implica comenzar un camino de iniciación, un sendero que nos lleva a superarnos, a crecer y que en definitiva, nos permitirá evolucionar. En él nuestro cerebro nos acompaña, siempre actúa a nuestro favor en cuanto a que su única misión es mantenerse a salvo. Sin embargo, debemos educarnos y entrenarnos en los valores para lograr nuestro bienestar. 

Por lo tanto, concluimos en que el bosque y el lobo representan el miedo a lo desconocido, a lo nuevo, lo oculto, lo secreto. Explorar en él es símbolo de avance, transformación y progreso.La literatura nos da una y mil veces la posibilidad de aprender, analizar, pensar. Nos conecta con nuestra vida, con nuestro mundo, con nuestra realidad y con nuestros sueños. Nuestro cerebro se activa y vive la lectura de un modo que no solo nos permite despegar y viajar por lugares imperdibles y tiempos remotos; también nos otorga el beneficio de crecer, pensar, analizar, soñar, imaginar, reír, sonrojarnos, deslumbrarnos, crear y recrear… CRECER Y EVOLUCIONAR.